25 Jun 2011

EUROPA Y EL TORO MANSO






Según el mito griego, Europa fue una hermosa princesa fenicia de grandes y penetrantes ojos. Una mañana soleada, mientras se divertía con sus amigas en la playa, la princesa tuvo el infortunio de coincidir con Zeus, dios del cielo y del trueno, supervisor de los dioses del Olimpo y conquistador mujeriego infatigable. Zeus contempló a la joven y la espió lascivamente, hipnotizado por su belleza. Tan grande fue el impacto, que el mismo dios temió ser rechazado por la ninfa. Quedó paralizado y ni siquiera se atrevió a presentarse ante ella. Para engatusarla se transformó en un gran toro blanco de irresistible mansedumbre. Europa se acercó a acariciarlo y cayó en la trampa: cuando estaba montando en su lomo, el toro se alzó volando hacia los mares.

Sus familiares desesperados emprendieron una búsqueda incansable pero nunca pudieron encontrar a la princesa. El todopoderoso Zeus la había raptado y se la había llevado a vivir a Creta, donde al fin consiguió enamorarla. Pero el destino no fue amable con Europa. Zeus estaba comprometido con la diosa Hera y por supuesto la humilde -y mortal- fenicia no pudo competir contra eso. Perdió su presencia y tuvo que conformarse con ser el capricho momentáneo de Zeus. Tuvo todos los bienes a su alcance, pero no el amor del dios de dioses. Europa tuvo que conformarse con las migajas: con ser una más en la larga lista de conquistas del todopoderoso y mujeriego Zeus.

Hasta aquí los orígenes mitológicos. El resto ya es una historia conocida. En sus más de 3000 años de historia, a pesar de la riqueza material y cultural, Europa cayó en el abismo de guerras crueles e interminables. La joven envejeció y fue victima de la conquista, el fanatismo, la ambición, la traición y el genocidio. Un nuevo Dios, el Capital, había dominado las mentes de los hombres imponiendo una nueva religión monoteísta y controlando el mundo través del Olimpo de los mercados financieros. Un nuevo orden llegaba al mundo. El Dios Capital, rige desde entonces nuestros designios.

Desde entonces no han cambiado mucho las cosas. Europa sigue igual, raptada y enamorada de ese otro dios supremo que, al igual que Zeus, se disfraza de toro manso para engatusar y corromper. El Capital también es un conquistador caprichoso, tramposo, y experto en esconderse y cambiar de rostro según la época. Es un experto halagador y colma de regalos a sus amantes, pero sin dejarse arrastrar a un compromiso verdadero y perdurable. Europa, fruto de siglos y siglos de saqueo y de ignominia, se corrompe hasta el punto de no reconocerse a sí misma. Hoy, la princesa infamada se regocija haciendo el mismo daño que padece y juega al rapto, el engaño y a la corrupción emulando a su Dios supremo.

Los orígenes geográficos de Europa se sitúan en Grecia, escenario y cuna de la civilización que dió lugar al amor de la princesa y Zeus. Fue en Grecia donde surgió la génesis del pensamiento, la filosofía, el arte, el teatro y la democracia que hoy se asocian a la génesis misma nuestra cultura. Pero la ninfa parece haber olvidado su historia. Su sometimiento a la máxima divinidad monetaria le lleva a renegar de sus orígenes y extorsionar, chantajear y castigar al mismo pueblo griego que le dio nombre y espíritu. Al pueblo griego y a cualquier pueblo que ose oponerse al poder del dios supremo.

Dicen que el origen etimológico del griego Europa (Ευρώπη) significa “ojos grandes”. Pero esos ojos no miran a cualquiera. A día de hoy aún son propiedad privada del Capital, ese falso toro manso y de aspecto pacífico al que todos quisiéramos acercarnos, acariciar y quizás, insensatos, montarnos en su lomo.

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