30 Sep 2012

Los diamantes negros del fútbol


Cuando tenía 14 años el futbolista maliense Diakité Alasanne fue engañado por un cazatalentos y trasladado a Europa con falsas promesas. El tráfico de menores africanos en clubes de fútbol europeos es una práctica común y muy extendida a pesar de la prohibición de la FIFA.








Es negro, fuerte y veloz en el terreno de juego. El maliense Diakité Alasanne, de 21 años, exhibe sus virtudes futbolísticas haciendo cabriolas con un balón. De pronto se para como hipnotizado, agarra el esférico con las manos y contempla la pequeña grada que rodea el campo. Juega en el Club Deportivo Canillas, equipo de preferente situado en el barrio homónimo del norte de Madrid. Su sueño de meter goles bajo la ciclópea grada del Bernabéu parece extinguirse poco a poco en su mirada.

Para un chico pobre de África viajar a Europa y convertirse en un futbolista famoso es el mayor sueño imaginable. Jugar con los mejores del mundo, hacerse rico, ayudar a la familia, lucir los mejores coches, seducir a las más bellas modelos... “Visto así, la tentación es irresistible y muchos clubes europeos son conscientes de ello y se aprovechan", comenta el cooperante Juan Merín. La ONG en la que trabaja, Voces para la Conciencia, es una de las pocas en España que investiga el engaño y la extorsión que padecen los futbolistas africanos menores de edad en el proceso de convertirse en estrellas y el abandono de quienes no triunfan, la gran mayoría.

Alasanne creció en un pequeño poblado de Malí, el séptimo país más extenso de África. Su pasión siempre fue el fútbol. Creció admirando a sus compatriotas Seydou Keita, Mahamadou Diarra y Frederic Kanouté ex jugadores del Barcelona, del Real Madrid y del Sevilla respectivamente. "Todos los niños de Malí soñábamos con ser como ellos y llegar a los mejores equipos del mundo", comenta con tono pausado. Con 14 años se marchó a la capital Bamako y comenzó a jugar en el equipo de segunda división As Djetou. El presidente del club, el cazatalentos maliense Lassine Sissoro, le ofreció viajar a Francia donde le aseguró que le esperaba un futuro prometedor en los mejores clubes.

El agente le pidió el equivalente a 2.000 euros para costear el vuelo y los papeles. Gracias a la ayuda de sus seis hermanos consiguió la cantidad y pudo volar a París en el 2006. "Era mucho dinero. Fue muy difícil, pero toda la familia confiaba en mi talento", cuenta Alasanne. Llegó a Francia con 15 años gracias a un pasaporte falso preparado por el agente, en el que constaba que tenía 19. Pero una vez allí comprobó que las promesas del reclutador eran falsas. Vivía casi escondido en la casa de su representante Sioli Sougounu (también maliense) y estaba ansioso por hacer pruebas en los grandes equipos. "Sabía que no podía quejarme, porque otros compañeros africanos estaban viviendo escondidos en sótanos y garajes. Pero descubrí que él no tenía ningún contacto con equipos grandes ni con la FIFA. Empecé a estar muy deprimido". Pasaron dos meses, el joven se vio sin nada y decidió marcharse a Madrid.

Alasanne llegó a la capital en 2006 "con las manos vacías" y comenzó a vivir en la casa de su primo junto a siete africanos más. "A veces llegaban nuevos africanos y nos turnábamos en la cama para dormir. Mi primo apuntaba los gastos para después cobrarme. Pensaba que aquí triunfaría, pero iba de mal en peor", comenta.

Un año después su suerte cambió. Gracias a su empeño y a las múltiples pruebas que hizo en distintos clubes y torneos juveniles finalmente fichó por el Canillas. "Jugué un partido de prueba y marqué cuatro goles". El equipo le contrató con 16 años, "creían que tenía 20, como ponía en el pasaporte", y le proporcionó una pequeña habitación al lado del campo, donde vive. Desde entonces Alasanne cobra 500 euros al mes como jugador y colabora con el club entrenando a niños. Por las mañanas lava platos en un colegio. Sabe que ya no jugará en primera división: "He tomado conciencia de que nos han engañado. Soy menos ambicioso, ya no sueño con jugar en el Madrid. Digamos que el Canillas es mi Real Madrid". Se le ve entre feliz y resignado ante las bromas del presidente del club, Manuel Álvarez: "Sigues igual de negro que siempre". Alasanne sonríe. Es consciente de que podría haber acabado peor.




Casos como éste son muy conocidos y denunciados en Francia, pero en España apenas se ha tratado el tema. En el año 2008 la FIFA denunció el tráfico de menores futbolistas. El presidente del organismo, Sepp Blatter, promovió una ley interna que prohíbe los fichajes de menores de 18 años. "Pero a pesar de eso, el tráfico de menores sigue existiendo, los clubes siempre encuentran el modo de legalizar su situación si les interesa", comenta el cooperante Juan Merín, de la ONG Voces para la Conciencia. Merín trabaja junto a Miguel Alcantud, cooperante y cineasta murciano que actualmente rueda la película Diamantes negros sobre el tráfico de menores futbolistas, en la que participa Carlos Bardem, que interpreta a un agente promotor en el filme. “Me gustaría que esta película sirviera, más allá de la denuncia implícita a las prácticas de ciertos clubs, para que nos demos cuenta de los trapos sucios que hay detrás del negocio del fútbol. Porque eso es lo que es: un negocio”, comenta Bardem en conversación telefónica.

El director fue asesorado por el mismo Alasanne, que gracias a la ONG pudo reencontrarse con su familia en Malí. Alcantud nos relata cómo los chicos son reclutados por academias de fútbol de África en las que viven a menudo en condiciones infrahumanas. Las jóvenes promesas son trasladadas a Europa a través de pasaportes y contratos falsos y becas ficticias. Hasta que comienzan a entrenar, muchos son hacinados en sótanos de garajes e incluso escondidos para evitar el fichaje de un equipo contrario. Es el caso del nigeriano John Obi Mikel, que con 12 años fue fichado por el Chelsey, donde impresionó al mismísimo José Mourinho. "Era tanta la expectación, que el equipo lo escondió en Noruega, para que no fuera comprado por otros", comenta el cineasta.

Francia es el principal destino de la mayor parte de los casos de tráfico de menores. La ONG parisina Foot Solidaire asegura que en París hay más de 700 jóvenes africanos exfutbolistas, el 98% son ilegales y el 70% son menores de edad. La ONG estima que puede haber más de 7000 jóvenes africanos viviendo en las calles tras fracasar como futbolistas. En Italia, La Comisión de la Infancia del Senado investigó el caso en el año 2000 e identificó a 5282 futbolistas menores de 16 años procedentes de países no comunitarios. El periodista Julio Marini, en el artículo Tráfico de ilusiones (publicado en diario argentino Clarín en el 2000) afirmaba que el número total de menores en Italia ascendía a 50.000.

En España las cifras son absolutamente desconocidas, a pesar del escándalo del caso negritos, desatado en 1998 tras el falso fichaje del nigeriano Abbas Lawal, el brasileño Maxi de Oliveira, el angoleño Matias Djana y el senegalés Limamou Mbengue por parte del Atlético de Madrid. Jesús Gil aseguraba que había fichado a los cuatro chicos por 2.700 millones de pesetas. “Pero era pura mentira”, comenta Djana, “no iban a dejar que los negritos nos quedáramos con el dinero. Para esa gente lo que manda es la pasta, les dan igual las personas. Te usan y después te mandan a la mierda con tus ilusiones”. Finalmente, los propietarios del club fueron condenados por simulación de contrato, pero el caso no trascendió y el tema no ha vuelto a investigarse en nuestro país.

Miguel Alcantud emprendió una investigación junto a la ONG francesa Foot Solidaire, la única que se encarga exclusivamente de este tema. "Según sus informes, hay unos 20.000 menores africanos que han sido abandonados por los clubs y sobreviven en las calles de las capitales europeas. Quién sabe cuántos casos habrá en España. Nadie lo ha investigado". El director pretende que su película, Diamantes negros, consiga difundir una realidad tan trágica e incómoda. La de los que no tuvieron la suerte de triunfar, como Eto´o, que con 11 años estuvo siete meses malviviendo en Francia o Messi, que fichó por el Barcelona con 12 años. Los que, como Alasanne, fueron estafados con promesas irresistibles, utilizados y abandonados cuando dejaron de interesar. La historia más cruda de la explotación infantil, en versión futbolística.

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